Historia Del Amigurumi: la técnica de tejido al crochet que es furor en el mundo. Hermoso

Los muñecos pueden tener forma de animales, unicornios o personajes de la TV. Son juguetes o objetos de decoración.

La tendencia de los amigurumis, muñecos de algodón tejidos con la técnica del crochet.

Ositos, zorritos, unicornios, o un personaje de la tele como Peppa Pig. El límite es la imaginación. Todo se puede hacer tejido parece decirnos esta técnica. Quizás el nombre nos lleve a descifrar el origen. A este tipo de muñecos se los llama amigurumi. Ami significacrochet, nuigurumi, muñeco relleno de algodón.

La historia del amigurumi

Estos muñecos, tejidos a crochet, nacen en Japón donde a partir de los ‘50, cuando la cultura japonesa se dirigió a lo cute o Kawaii, inventando personajes como Hello Kitty. Cuando finaliza la Segunda Guerra Mundial, un Japón derrotado y contaminado de desánimo necesitaba algo que ayudara a hacer más placentero el paso de las horas… Así nace la cultura cute. Abuelas y tías comenzaron a tejer una gran variedad de muñecos; una forma de entretenerse y entretener a los niños de la familia en medio del sombrío clima reinante.

Personajes del cuento "Caperucita roja" tejidos como amigurumis.

Personajes del cuento «Caperucita roja» tejidos como amigurumis.

Los de buena calidad están hechos con hilo de algodón hipoalergénico de colores. Forman parte de la cultura de lo Kawaii, que significa o se puede traducir como, bonito, adorable y muy tierno. El muñeco tradicional tenía cabeza grande, cuerpo pequeño y se utilizaban como llavero. Los niños llevaban los amigurumis en sus mochilas. Sin embargo, de este lado del mundo se hicieron conocidos hace unos años. De a poco se apoderaron de las vidrieras de las tiendas de diseño palermitanas y luego, las grandes marcas del rubro infantil los incluyeron en sus locales. Su simpática estética y su infinita posibilidad de diseño, hacen que funcionen tanto como un juguete tejido como para posicionarse como un objeto deco. Por otro lado, el furor por el craft y el DIY (hazlo tú mismo), más la facilidad de la técnica del crochet, hacen que sea una de las más elegidas a la hora de comenzar un emprendimiento artesanal. Se suma que Internet facilita el aprendizaje; simplemente es cuestión de googlear para encontrar millones de patrones y guías para confeccionarlos. En instagram y Facebook puede verse claramente el fenómeno. También en ferias de artesanos donde -seguro-, en cada edición, no falta un puesto repleto de amigurumis.

La tejedora que es famosa en el mundo

Yan Schenkel, saltó a la fama con sus libros de paso a paso para tejer amigurumis (Julio Juarez)

Yan Schenkel, saltó a la fama con sus libros de paso a paso para tejer amigurumis (Julio Juarez)

El placard de Yan Schenkel atesora ovillos de hilo de algodón de todas las gamas posibles. Ella tiene 38 años y descubrió el tejido hace nueve años. Confiesa que sabía muy poco de crochet y que solo lo utilizaba para pasar los ratos libres. “Visualmente, no me gusta nada el crochet… a lo sumo puedo soportarlo en una manta. Pero tejía porque es cómodo de llevar, necesitaba pasar el rato”. Schenkel daba clases de portugués, su lengua materna, y estudiaba bellas artes. Buscando ayuda sobre un tejido, descubrió la palabra amigurumi. “Creí que era el nombre de una tejedora así que no lo usaba”, se ríe. Primero tejió ositos para su hijo mayor. En un negocio de Palermo se encontró con un cupcake tejido, y entendió que había un mercado para transformar su hobby en una salida laboral. “Tenía ya tejidos muñecos diseñados, me animé y mandé varios mails. Logré mi primer pedido y a la semana ya me estaban pidiendo más”.

La banda de Pica Pau. Los personajes de amigurumi diseñados por Yan Schenkel (Julio Juarez)

La banda de Pica Pau. Los personajes de amigurumi diseñados por Yan Schenkel (Julio Juarez)

Así nacía “Pica Pau”, su marca, hoy en día establecida y referente del rubro. “Mis muñecos estuvieron en todas las tiendas de diseño, incluso la del Hotel Faena”, cuenta Schenkel y describe el furor que despertaron sus diseños. Nunca tuvo tejedoras, siempre estuvo ella detrás de cada muñeco. Fue así que eligió priorizar la venta online de los patrones para realizar los muñecos. Hace dos años lanzó su primer libro de amigurumis. El primero de esta técnica en el país. Además participó en libros de Bélgica y Gran Bretaña. Su segundo libro nació en 2017 y fue traducido al inglés, alemán, francés, danés, portugués, koreano y pronto en italiano también.

Experta en Amigurumis gracias a la tradición japonesa

Erika Nohara teje amigurumis gracias a su abuela japonesa que le transmitió la pasión por el crochet

Erika Nohara teje amigurumis gracias a su abuela japonesa que le transmitió la pasión por el crochet

Erika Nohara tiene 35 años y es tercera generación de japoneses. Comenzó a tejer amigurumis, técnica que heredó y aprendió de su abuela, estando embarazada. “Mi abuela es japonesa y cuando era chica me tejía estos muñequitos. Embarazada de mi primer hijo, quise aprender para poder tejérselos a él”, cuenta. Esta madre tejedora llenó de amigurumis el cuarto de sus chicos y comenzó a recibir pedidos de la gente que la conocía. Así arrancó a venderlos.

Un Totoro, personaje del cine japonés, tejido por Erika Nohara con la técnica del amigurumi

Un Totoro, personaje del cine japonés, tejido por Erika Nohara con la técnica del amigurumi

Erika conoce muy bien esta tradición: “El amigurumi no es solo un muñeco. Se dice que poseen un alma. Que vienen para conservar el niño que todos llevamos dentro”, cuenta. “Además se cree que protegen, acompañan a los niños y que sienten lo mismo que ellos. También se dice que están hechos para recordar, en momentos de estrés o tristeza, lo felices que somos. Y muchas personas los utilizan como amuletos”, sigue Nohara. En Japón, donde el furor por estos objetos nunca mermó, se venden kits completos para realizarlos y que incluyen hasta el relleno. “A través de Amazon uno puede comprar hasta máquinas que tejen amigurumis. Solo es cuestión de ponerles el hilo y la máquina hace sola el trabajo y los teje. El que más se vende es el de Pikachu, el personaje de Pokemon”, asegura. Con el tiempo y la experiencia, Erika se animó a dar clases de tejido de amigurumis. Comenzó dictando talleres en locales de diseño y hasta en el prestigioso Jardín Japonés, donde hoy se pueden encontrar sus diseños en la regalería del lugar.

Madre emprendedora del tejido.

Jesica Rodriguez Ganzini dibuja de cero sus amigurumis

Jesica Rodriguez Ganzini dibuja de cero sus amigurumis

Jésica Rodríguez Garzini es Licenciada en Administración de Empresas. Cuenta con años de experiencia laboral en oficinas y estudios contables, siempre detrás de una computadora. Con la llegada de su primer hijo entendió que su estilo de vida (viajaba tres horas para llegar a su trabajo) no era compatible con la vida familiar que pretendía. “Siempre me gustaron las manualidades y el diseño. Buscaba algo que pudiera hacer desde casa”, cuenta, así que se anotó en un curso de crochet para capacitarse y a través de internet comenzó a practicar. Leyendo blogs y descargando patrones se dió cuenta de que era buena en lo que hacía y que, además, le gustaba el proceso. “Me seducía la idea de darle vida a un muñeco. En mis comienzos, para aprender, copiaba diseños de referentes, pero luego comencé a diseñarlos de cero”, cuenta la artesana. Fue en el 2014, cuando su licencia por maternidad expiraba, que Jesica se planteó no regresar a trabajar. Apoyada por la familia, decidió transformar su pasatiempo en una entrada de dinero más.

Un pirata amigurumi, diseño de Jesica Rodriguez Garzini

Un pirata amigurumi, diseño de Jesica Rodriguez Garzini

Acerca del proceso de creación de sus diseños, la tejedora cuenta que la base es un dibujo: “Arranco dibujando el personaje y en base a eso armo el patrón. Gracias a la técnica del amigurumi puedo crear el muñeco que dibujé, es fascinante”, cuenta la emprendedora. “Un diseño hecho de cero puede llevarme una semana de trabajo. Es prueba y error. Tejo y destejo hasta que queda como lo pensé”, agrega. Las creaciones de Jesica rondan los $650 y sus muñecos suelen medir entre 25 y 30 cm de alto.

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